RESEÑA |
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Es probable que las
distintas maneras en las que el Teide se les aparecía a los
habitantes de las islas más cercanas a Tenerife, La Gomera, Gran Canaria
o La Palma, ya fuera nevado, o con sus diversos colores, debido a los
materiales que lo componen, así como por la distinta tonalidad cromática
que va adoptando según cambia la luminosidad del día, contribuyera a
generar una cosmogonía propia en todas las culturas canarias, recreada a
partir de este símbolo común, sin que alcancemos a comprender cómo fue
entendido en cada una, cuando lo contemplaban en la distancia,
emergiendo y elevándose majestuosamente sobre el mar, como si se tratara
del «sustentador del cielo y tierra».
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